martes, 27 de julio de 2010

1 TEN piedad de mí, oh Dios,

conforme a tu misericordia;

Conforme a la multitud de tus piedades

borra mis rebeliones.

2 Lávame más y más de mi maldad,

Y límpiame de mi pecado.


3 Porque yo reconozco mis rebeliones,

Y mi pecado está siempre delante de mí.


4 Contra ti, contra ti solo he pecado,

Y he hecho lo malo delante de tus ojos;

Para que seas reconocido justo en tu palabra,

Y tenido por puro en tu juicio.


5 He aquí, en maldad he sido formado,

Y en pecado me concibió mi madre.


6 He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo,

Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.


7 Purifícame con hisopo, y seré limpio;

Lávame, y seré más blanco que la nieve.


8 Hazme oír gozo y alegría,

Y se recrearán los huesos que has abatido.


9 Esconde tu rostro de mis pecados,

Y borra todas mis maldades.


10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,

Y renueva un espíritu recto dentro de mí.


11 No me eches de delante de ti,

Y no quites de mí tu santo Espíritu.


12 Vuélveme el gozo de tu salvación,

Y espíritu noble me sustente.


13 Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos,

Y los pecadores se convertirán a ti.


14 Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación;

Cantará mi lengua tu justicia.


15 Señor, abre mis labios,

Y publicará mi boca tu alabanza.


16 Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría;

No quieres holocausto.
17 Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado;

Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.


Oración del Rey David (Salmo 51)

No hay comentarios:

Publicar un comentario